viernes, 4 de mayo de 2007

LA VIDA EN LA MONTAÑA


Una montaña denota mi crecimiento, el espiritual, el personal, el YO interno. La necesito urgentemente. A estas alturas no podría vivir fuera de ella. La montaña me susurra visitarla, se me aparece en mis sueños y parece no dejarme en paz. Mi corazón, mi alma ha vivido mil y un años allá, desde otros tiempos. No puedo dejar que este grito se quede quieto. Qué es una montaña para que mi corazón me impele a ella. He tratado de explicarmelo y a esta conclusión he llegado: entre árboles frondosos, mi rostro galopado por los fríos vientos, mientras mis manos tiesas en las riendas de un café caliente y humeante, tan humeante como el vaho de mis labios. oh, café caliente, oh, montaña viviente... no puedo explicarlo con letras, no puedo decirte así yo lo siento. Es algo mágico, es un no sé qué, vuelvo a ser yo niño, soy como siempre he sido. Y cuando voy de vez en cuando salto en un solo pie y yo solo me pierdo entre sus surcos y bosques. Cualquier otra compañía -perdón por mis admiradoras- no hace falta, no la quiero. me basto yo ahí, me parece volver atrás en el tiempo, y mi YO interno se solaza, respira, respira, y le doy la mano a quién soy y quién realmente he sido.

Una montaña, todo yo suspiro por un beso de bienvenida y nunca de un adiós. ¿Por qué vivo yo en la costa? nací en terreno equivocado. Soy inconforme lo sé, no difiero de esto en otros hombres. Todos quieren lo que no poseen y cuando ya lo tienen no lo valoran, lo pierden. Vivo en la costa, calor, mosquitos, rumba, fogosidad, malecón y estero salado. Guayaquil, mi guayaquil, la quiero tanto. Ella es mi musa, lo sé, mi compañera, mi amiga, una buena esposa... pero yo, hombre al fin, suspiro por mi amante. La he visto ocasionalmente, y quizá esto avive esta pasión por ella. Ella está en las montañas, el frío extremo,álgido de sus besos a veces me hacen daño. Mi sistema respiratorio a veces colapsa por esa desbordante entrega. Cuenca, Quito, tal vez Francia, donde esté una montaña, alta, entre las nubes, esa ciudad será mi amante. Si me entrega lo que tanto deseo, una montaña, o varias montañas en verdad, pero a todas yo las junto en un solo pensamiento, un solo ideal, mi reflejo. UNA MONTAÑA. Porque ella representa mi vida. No puedo prescindir ya de ella. Soñaba de niño vivir en una, que ella acurruque mis días hasta mi vejez, ver desde ella entre un balcón florido, el atardecer de mis días.

Desde ahí veo infinitamente lo que han de ser los pensamientos de mi Dios. una montaña, la prefiero antes que a la playa. una montaña, es todo de mi. Una montaña, es encontrarse con lo básico de la vida, lo ves todo desde arriba y te das cuenta que lo demás es pequeño, que no hay nada que no pueda resolverse porque uno mismo se complica la existencia cuando baja y se deja absorber por lo que mientras estuvo arriba vio pequeño: afán de poder, competencia profesional, celos laborales, egoísmos y mezquindades, odio, resentimientos, ambiciones...
La montaña nos acerca a Dios, respiramos mejor. Moisés fue a la montaña a esperar los mandamientos de Yavhé. La montaña fue el refugio de nuestro Jesús. Fue también confidente y madre amorosa para Mahoma y Buda.


¿No te das cuenta de lo que pierdes si sólo vives para fiestas en la playa, diversiones de cuerpos bronceados, elixir de sensualidad y calidez hedonista? Está bien la playa y que te diviertas en ella. Pero busca también de vez en cuando a la montaña, busca esa paz, ese frío que refresca y despierta tu mente, aligera tu carga y ensalza a tu corazón.
Una montaña, mi vida; fluctuaciones donde nacen los ríos, vertientes donde mi vida cayó y yo quiero volver... Montaña, pero no con tu ñaña, jaja, para terminar, obvio, tenía que hacerlo con una broma, no?