viernes, 25 de abril de 2014

La sociedad cambia, los medios la involucionan.

Es una pena, por no decir menos, que fenómenos televisivos como El Show de Cristina hayan caído estruendosamente tal como las Torres Gemelas. Todo es perecible. Las sociedades se transforman. Y aquí va la responsabilidad de los medios de comunicación, tales como la televisión. Cristina lo dijo. Los programas televisivos ya no se hacen pensando en lo que hace falta en la sociedad, sino en lo que desean los anunciantes y lo que puede rendir dinero a los dueños. No hay ética, hay manos que se lavan en la fuente ya contaminada de Poncio Pilatos. 

"La televisión no es la niñera de la familia", ha dicho cierto personaje cómico de la tele, olvidando que de por sí hoy por hoy las madres en su corre, corre, encienden la televisión para entretener a sus hijos. Y no niego que el show de tal personaje sea realmente cómico. Pero he aquí que su contraparte, la actriz cómica cuyo personaje -como ella dice- es tan, pero taaaan querido que incluso es contratada para animar fiestas infantiles. Imagínate, un personaje creado para satirizar a una pareja y dirigido a la comedia adulta... es divertido, lo reconozco, pero para nosotros los adultos. Y esta actriz -con la que no tengo nada en contra, porque me parece estupenda- debería tomar conciencia, a mi modo de ver, y negarse a estar en tales fiestas infantiles. Por qué? Por ética, por no mezclar las cosas. Dinero no le ha de faltar. Tiene a su haber sus monólogos y shows. Entonces, ¿ por qué no dejar a un lado a los niños? Para ellos están Tiko, tiko y los animadores infantiles.
Pero bueno, a lo que voy es que es triste ver cómo instituciones como Cristina Saralegui de repente caen, por no actualizarse, por esto o por lo otro. Pero en parte por la prioridad de otros medios de la competencia, que sin ética alguna y por amor a los números, son capaces de explotar el morbo tipo Laura en América, donde se excusan de mostrar la realidad de los pobres y dar voz a un pueblo que había quedado en el olvido. ¿Con qué intenciones? Muchas veces no para culturizarlo, sólo para mostrarlo en sus dramas y polémicas, sin respeto alguno. Y claro, al final todas las cadenas televisivas acaban por repetir la fórmula. La tele es un negocio. Las marcas, los anunciantes pagan, y lo que ellos quieren se hace. Y ellos se escudan en que porque la gente lo quiere, sin darse cuenta que es así porque nos han condicionado cada vez más con el paso de los años, hasta que hoy en día -producto del Conductismo- no sabríamos que hacer sin aquellos reflejos condicionados a los que bien respondemos al instante.